1.ª Edición (2020) — De la casa a la pantalla: historias de una pandemia​​

En 2020, cuando el mundo quedó suspendido por las medidas de confinamiento derivadas de la pandemia de COVID-19, millones de personas se vieron obligadas a transformar su vida cotidiana. Las calles se vaciaron, los espacios públicos se cerraron y el hogar pasó a convertirse en el centro absoluto de la vida: lugar de trabajo, estudio, convivencia y, para muchos, también de creación. En medio de ese escenario de incertidumbre surgieron diversas iniciativas culturales que intentaron transformar el aislamiento en una oportunidad para encontrarse desde el arte.

El Festival Cortos para Tiempos Largos nació precisamente en ese contexto, a partir del entusiasmo y la convicción de un pequeño grupo de estudiantes y un docente que se negaban a dejar que la creatividad se detuviera junto con el mundo. La iniciativa, pensada como un espacio para narrar la vida desde el hogar y convertir el confinamiento en una oportunidad para crear, contó con el respaldo del Programa de Comunicación Social y el Semillero de Investigación LEKA de UNIMINUTO – Vicerrectoría Regional Eje Cafetero – Sede Pereira, que apoyaron el desarrollo de la convocatoria y la realización del festival.

El festival surgió, entonces, a partir de una idea sencilla pero profundamente significativa, si el mundo exterior se había detenido, era momento de mirar hacia adentro. Aquellos espacios domésticos que normalmente pasaban desapercibidos (la sala, la habitación, la cocina o el balcón) comenzaron a adquirir nuevos significados durante el confinamiento. Desde esa reflexión, la iniciativa invitó a realizadores, estudiantes y aficionados a observar sus hogares con otros ojos y descubrir en ellos posibilidades narrativas. Bajo el lema “De la casa a la pantalla”, la propuesta consistía en convertir los espacios cotidianos en escenarios de historias capaces de dialogar con la experiencia colectiva de la pandemia.

La primera edición abrió oficialmente su convocatoria entre el 10 y el 30 de abril de 2020, en pleno periodo de confinamiento obligatorio. Durante esos días, cualquier persona interesada podía participar enviando un cortometraje realizado durante la cuarentena. Las obras debían tener una duración mínima de un minuto y máxima de cinco minutos (sin contar créditos) y podían inscribirse en cinco categorías: ficción, documental, experimental, stop motion y filminuto. La temática era libre, y cada participante podía enviar más de una obra si así lo deseaba.

Lo que comenzó como una iniciativa vinculada a un momento excepcional pronto superó las expectativas de sus organizadores. La convocatoria despertó el interés de realizadores de diferentes lugares del mundo y logró reunir 110 cortometrajes provenientes de diez países: Colombia, España, Italia, Corea del Sur, India, Perú, México, Francia, Argentina y Chile, siendo seleccionados 72 cortometrajes. A través de celulares, cámaras domésticas y recursos improvisados, los participantes narraron historias que reflejaban la diversidad de experiencias del confinamiento: relatos íntimos sobre la vida cotidiana, exploraciones experimentales del espacio doméstico, ficciones inspiradas en la incertidumbre del momento y piezas documentales que registraban las emociones de una época marcada por la distancia.

El festival se realizó de manera completamente virtual entre el 1 y el 6 de junio de 2020, convirtiéndose en un espacio de encuentro creativo en medio de la separación física. Además de la exhibición de los cortometrajes seleccionados, la programación incluyó espacios de conversación y formación con profesionales del campo audiovisual que permitieron ampliar la reflexión sobre la creación en tiempos de crisis.

Entre estas actividades se desarrolló la charla “La enseñanza de la producción audiovisual en ambientes virtuales”, un diálogo con Johanna García Ruiz y David Useche, quienes reflexionaron sobre los desafíos pedagógicos de formar realizadores audiovisuales en medio de la virtualidad y sobre las estrategias que comenzaron a surgir para mantener activos los procesos de aprendizaje creativo durante el confinamiento.

Otro de los encuentros destacados fue “Retos para producir: experiencia de Objetivo Family Films”, una conversación internacional con los realizadores españoles Richard Zubelzu, Magda Calabrese y Javier Acebes, quienes compartieron su experiencia en la realización del cortometraje 40 días y discutieron los desafíos técnicos, narrativos y humanos de producir cine en condiciones de aislamiento.

Asimismo, el festival incluyó un espacio formativo con Alex Green, músico e ingeniero de sonido, quien ofreció una orientación sobre plataformas de formación y recursos disponibles para creadores durante los tiempos de aislamiento, brindando herramientas útiles para quienes buscaban continuar aprendiendo y produciendo desde casa.

Desde su concepción, Cortos para Tiempos Largos no fue pensado como un festival competitivo. Más que premiar obras, su propósito principal era crear una plataforma de visibilización y circulación para producciones realizadas, en su primera versión, en condiciones de pandemia. Se trató de un proyecto académico y cultural sin ánimo de lucro orientado a compartir historias y a fortalecer una comunidad creativa en torno al cine corto. En ese sentido, el valor del festival no residía únicamente en las obras proyectadas, sino en el encuentro simbólico que permitió entre realizadores y espectadores que, aunque separados físicamente, compartían una misma experiencia histórica.

La primera edición del festival demostró que incluso en medio de una crisis global es posible abrir espacios para la imaginación y el diálogo. Lo que nació como una respuesta cultural al confinamiento terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva que conectó miradas de distintos países y generaciones. En un momento histórico marcado por la distancia física, Cortos para Tiempos Largos logró convertir los hogares en escenarios de creación y las pantallas en lugares de encuentro, recordándonos que incluso en los tiempos más largos siempre hay historias que merecen ser contadas.